miércoles, 7 de junio de 2017

‘T’ho donaré tot’, a punt d’arribar a les llibreries

A l'esquerra la portada del llibre. A la dreta jo al Tibidabo. Foto: Rosario Gómez.

Només queden set dies per a l’aparició de la meva nova novel·la T’ho donaré tot, publicada per Columna. Es tracta d’un relat coral que té com a rerefons els primers anys del parc d’atraccions del Tibidabo, un indret emblemàtic de Barcelona que va sorgir en una època per a mi fascinant de la història de la ciutat

La novel·la s’inicia l’any 1901, quan van posar-se en funcionament el tramvia blau i el funicular. Aquest darrer es considera la primera atracció del parc, ja que va ser tota una revolució pels barcelonins de l’època que hi pujaven fascinats en veure la facilitat amb què els transportava fins al cim del Tibidabo. Aquesta fascinació va ser la mateixa amb què van rebre el Ferrocarril Aeri, la Talaia i l’Avió al llarg dels anys següents, a mida que el parc anava afegint noves atraccions. I és també la que he volgut incorporar com un personatge més del llibre, ja que no és una obra històrica sinó una ficció sobre la part emocional d’aquest parc tant estimat pels barcelonins.

Jo, sota la Talaia. Foto: Rosario Gòmez
És, doncs, en aquest escenari i en un temps en què Barcelona aspirava a convertir-se en una gran capital europea, on es mouen els personatges de la novel·la. La protagonista, l’Àngela, neix el mateix any en què s’inauguren el tramvia blau i el funicular i creix en paral·lel al desenvolupament del parc del Tibidabo. Les seves vivències i la de la resta de personatges formen part de les diferents trames del llibre, que abasta gairebé tres dècades: del 1901 fins al 1930.

Estic il·lusionada amb l’aparició d’aquesta nova novel·la, ja que em sento satisfeta del resultat. Però, sobretot, estic contenta d’haver pogut reviure mentre l’escrivia aquells anys tan intensos de la història de Barcelona. D’haver descobert fets i anècdotes que desconeixia i que he volgut compartir amb els lectors. De tot cor desitjo que ells també en gaudeixin i descobrir-los la faceta més antiga i emocional del nostre entranyable parc del Tibidabo. 

viernes, 5 de mayo de 2017

'Temps de llum/El tiempo de la luz' en los medios



Al poco tiempo de su publicación, el 2 de mayo de 2016, la prensa se hizo eco de la novela que apareció en las publicaciones Diari Maresme,  Tot Mataró, Tribuna Maresme, La Clau y Pànxing. También me invitaron a diversos programas de radio y televisión para entrevistarme: Onda Cero Catalunya, Rne, Ràdio 4, Cope Tarragona, Mataró Ràdio, Vilassar Ràdio, Ràdio Cabrera de Mar, Ràdio Premià de Mar, Ràdio Silenci, Radio4G, m1tv, xiptv i Newscattv



Además, salió en la lista de El Periódico de los libros más vendidos en catalán durante la semana del 23 al 29 de mayo:

Libros más vendidos en catalán

Poco después, apareció un artículo firmado por Anna M. Gil en el suplemento Culturas de La Vanguardia:

Avenida de la Luz

Unos meses más tarde, el suplemento On Barcelona, también de El Periódico, mencionaba la novela en un artículo donde ofrecía una selección de títulos ambientados en la ciudad condal:

Libros para conocer Barcelona




jueves, 4 de mayo de 2017

Carta a los libreros y jaboncitos para promocionar 'El tiempo de la luz'


Unas semanas antes de que el libro saliese a la venta, la editorial Umbriel me pidió escribir una carta dirigida a los libreros para presentarles El tiempo de la luz . También me comentaron que querían adjuntar algún detalle y que habían pensado en unos jaboncitos de regalo, ya que uno de los personajes trabaja en una perfumeria. 


A mi me pareció una excelente idea, y me gustó tener la posibilidad de poder dirigirme a los libreros para darles argumentos con los que poder asesorar a los lectores potenciales. Yo fui librera también y sé la cantidad de novedades que se publican, así que resulta muy útil que te orienten para poder acertar en las recomendaciones.

Cuando me enseñaron la carta y los jaboncitos me llevé una grata sorpresa, ya que el diseño de ambos se inspira con gran acierto en la novela. La misiva parece escrita con una de las máquinas de Lorelei, y los jabones podrían haberse vendido perfectamente en la perfumeria de Coral.

¡Un gran acierto por parte de Umbriel!

 

miércoles, 3 de mayo de 2017

'El tiempo de la luz' cumple un año


Mi primera novela dirigida a lectores adultos ya ha cumplido un año. El 2 de mayo de 2016 salió publicada simultáneamente por Columna y Umbriel (en catalán y castellano respectivamente) y, para celebrarlo, quiero compartir un capítulo que no se incluyó en la edición final. Se trata de una escena inspirada en el vídeo de la canción de Loquillo y Los Trogloditas, Avenida de la Luz. El estilo era demasiado diferente a lo que había usado en todo el libro, y por eso decidimos eliminarlo ya que no encajaba en el estilo de la obra


El desierto empieza aquí (1984)

Alguien avanza por el pavimento gris del andén. Mientras la cámara le enfoca los zapatos negros, el sonido de sus pisadas se mezcla con el de la música de fondo. Una sombra alargada se aferra a las suelas rodeada de una luz dura. 


De repente la imagen cambia. Una iluminación  débil, verdosa, apenas define los contornos de un escenario. En la penumbra emergen los músicos y la voz del cantante, que se alía con los acordes.

Avenida de la Luz
el desierto empieza aquí.

Con la misma cadencia rítmica, el vocalista repite este verso. Toma el micrófono de pie, lo inclina y lo arrastra unos centímetros. La luz se intensifica. La penumbra también.
 
Loquillo, el cantante, no ha conocido el viejo esplendor de la Avenida de la Luz. El año en que él nació, a poco más de tres kilómetros de allí, en el barrio del Clot, la galería apenas evidenciaba los primeros síntomas de decadencia. Una década más tarde surgían las primeras grietas en el techo del pasillo, como preludio de la degradación que acabaría convirtiendo ese espacio en un lugar sórdido, un sueño derrotado.
 
Un primer plano muestra el rostro del vocalista impregnado de luz esmeralda. Su gesto de aproximación al micrófono otorga a la letra un carácter de confidencia. Su voz sentencia el que ya no es un secreto para nadie.
Es un buen lugar
para acabar borracheras,
el heartbreak hotel de mi ciudad,
el mito de ciudad sumergida,
a esta hora se vuelve real. 

Loquillo parece sufrir cuando termina esta estrofa. Se aleja del micrófono y echa atrás la cabeza, como si quisiera recuperar fuerzas para seguir cantando.Quizás se está acordando de la forma en que los años setenta anunciaron el fin de la Avenida con un entramado de grietas. Las primeras aparecieron el primer año de esa década, como consecuencia de la degradación del pavimento de la calle Pelayo. Poco después, las goteras invadían la galería. El despliegue de cubos y barreños con que los comerciantes habían intentado detener la inundación de las zonas afectadas dañaron la imagen de aquel lugar, sobre el que empezó a planear un velo de decrepitud.

La cámara sigue centrada en la voz de Los Trogloditas que se encara al público, fuera del plano medio largo que lo enfoca. Con el brazo extendido señala y clama.


Estáis solos,
daros cuenta
estáis solos. 

Entonces, la primera imagen vuelve y ofrece otra vez los pasos que avanzan por el andén de una estación vacía. Es lel mismo vacío que se fue tragando la Avenida tras el abandono en que la dejaron caer las instituciones, incapaces de decidir a quién correspondía la responsabilidad de su mantenimiento.
 
De nuevo un primer plano de Loquillo que, con las manos juntas, se tapa media cara. Sus ojos se clavan en el infinito. Respira. Parece meditar antes de repetir el estribillo de la canción.

Avenida de la luz,
no me mires con piedad,
voy cegado por la luz
de mi libre soledad.

Una expresión de rabia enmarca el último verso. La intensidad de la emoción parece obligar al cantante a detenerse para recuperar el aire. En su esfuerzo para reencontrar el aliento se intuye el mismo afán con que se intentó evitar el hundimiento de la Avenida. A diferencia de ella, el cantante se rehace. Aferrado al micrófono, se dobla, jadea, y continúa cantando.
 
Y nunca fue bella la derrota,
así como alguien la quiere pintar
y tus problemas
no, no importan a nadie,
ni a ti te importan los de los demás.

La estrofa esconde una visión poética de la larga agonía de la Avenida, ya que su derrota ante las filtraciones fue embellecida cubriendo las paredes y las columnas con una capa de pintura. Un intento fallido que no evitó que empeoraran las condiciones higiénicas ni que continuaran disminuyendo los compradores.


Estas solo,
date cuenta
estas solo. 

Cuando Loquillo canta el estribillo de la canción el color de la imagen se altera. Entonces, la cámara se desplaza y muestra el primer plano del cantante dentro de un televisor. A continuación el travelling recorre el escaparate de una tienda de electrodomésticos y se muestra en contrapicado al artista mismo, al otro lado de los cristales.

Luego, la música de la banda acompaña al solista de Los Trogloditas mientras pasea, solitario, por la galería. Su figura desafiantemente esbelta se recorta a contraluz. Su porte tiene un deje melancólico y pensativo que se refleja en su caminar pausado.Deja atrás el bazar Orozar y una tienda de fotografía, posiblemente la misma donde se grabó, seis años antes, una escena de la película de Bigas Luna, Bilbao.De nuevo se recupera la imagen de los pasos sobre el pavimento gris del andén, pero enseguida se vuelve a la Avenida. El interior de un bar, el corredor oscuro,desértico, donde el peatón solitario sigue su camino dejando atrás la veterana Casa Chivas, de máquinas para género de punto. Una sarta de escenas que parecen chispas de una luz agónica. 


Un plano picado de Loquillo recupera la visión del escenario. El cantante jadea mientras se prepara para reanudar la canción.

Avenida de la Luz
el desierto empieza aquí.

El rostro congestionado que entona esta estrofa nada tiene que ver con la siguiente imagen. Tampoco su vestuario, que ha cambiado la chaqueta de cuero por una americana oscura un par de tonos más clara que el resto de su indumentaria. La elegante figura destaca en la blancura de las baldosas de la estación que va dejando atrás. Mientras camina, fumando un cigarrillo, el perfil de las columnas se interpone de vez en cuando entre la cámara y el músico.

  
La secuencia continúa hasta que se ve la fachada del cine Avenida de la Luz con sus grandes puertas rojas y sus escalones grisáceos con vetas de color blanco.Ya hace mucho que la sala ha dejado de proyectar películas para un público infantil y familiar, como delatan los carteles que flanquean la portada: Espermula y Calígula. 

Un nuevo contrapicado muestra a Loquillo avanzando por la Avenida. El ángulo permite ver el techo, las columnas y los fluorescentes que no consiguen deshacer del todo las sombras que se ciernen sobre su tupé.  

Sólo cuando llega al final del corredor se ven algunas personas moviéndose en la zona del vestíbulo de los ferrocarriles. Retorna, una vez más, la imagen de las pisadas del cantante que se dirigen a la salida que da acceso a la Avenida. Esta vez se puede ver a Loquillo subiendo a las escaleras mecánicas y, enseguida, un plano general en contrapicado que se desplaza arriba hasta enfocar el cartel de salida. 

Después, la secuencia se detiene y vuelve a emerger el escenario sombrío donde los músicos tocan los últimos acordes.




Daniel apretó un botón del mando y detuvo el videoclip. Antes de levantarse, se giró hacia Rosita que continuaba mirando la pantalla, ahora negra, del televisor. 

-¿Qué te ha parecido, madre?

-Bueno, mejor de lo que pensaba. 

-¿Qué quieres decir? 

Rosa retiró los ojos del aparato y los fijó en su hijo. Una sonrisa contenida se le dibujó en los labios antes de hablar. 

-Pues que teniendo en cuenta como está ahora la Avenida, con todos esos indigentes, pobrecitos, y con la suciedad que hay por todas partes, aunque la has sacado bastante bien. 

-No sé si tomármelo como un cumplido... 

Dani, el hijo mayor de Rosita, hacía años que trabajaba como cámara. Su precoz pasión por el cine le había llevado a enfocar su trayectoria profesional en este mundo, en su vertiente de cortometrajes. Su último trabajo había sido la participación en la grabación del videoclip de la canción Avenida de la Luz, perteneciente al disco ¿Dónde estabas tú en el 77? de Loquillo y los Trogloditas, que acababa de mostrar a su madre por el vínculo que ella tenía con la galería. 

-Sí, hijo, es un elogio porque no me gusta nada en lo que se está convirtiendo la Avenida de la Luz. Que una cosa es que cierren las tiendas, que pierda la luminosidad y la elegancia que tenía, y otra muy diferente que se convierta en un nido de delincuencia. Suerte que me fui, porque ahora los clientes ya no se atreverían a venir. 

-Tampoco es para tanto, que la gente es muy exagerada. Hay cuatro marginales, pero son inofensivos. 

-Quizá sí, pero hay muchos borrachos y hacen sus necesidades por los rincones. Que no es que los aseos estén mejor, porque tienen una de roña... es normal que sólo se acerque la clientela del salón recreativo y los que van al cine a ver películas marranas. ¡Ay, si tu padre levantara la cabeza! 

La mujer enfocó la mirada arriba, como si su difunto marido pudiera escucharla desde el cielo. Rozaba ya sesenta, pero aún conservaba en la mirada la misma chispa juvenil y radiante de siempre.

-Pues a pesar de todo -añadió Dani-, he oído que tienen un proyecto para reactivar la Avenida. 

-Sí, yo también lo he oído. Parece ser que el Gremio de Artesanos de Barcelona ha propuesto convertir la galería en un centro artesanal, en una especie de Avenida de la Artesanía. Se trataría de reconvertir las tiendas que aún siguen abiertas en talleres. Pero ya veremos si sale adelante la cosa...

-No es mala idea, pero también habrá que ver qué hace el ayuntamiento con la isla de la vergüenza.ç

Daniel hacía referencia al solar de la calle Pelayo, al que se llamaba popularmente así debido al fracaso que habían tenido todos los proyectos urbanísticos que se había intentado impulsar allí. En 1984 esa céntrica zona continuaba todavía sin edificar y estaba parcialmente ocupada por un aparcamiento de la Guardia Urbana. 

-Por eso lo digo. Seguro que esto influirá en el futuro de la Avenida. Ay, hijo, el mundo ha cambiado tanto que a veces me da miedo que desaparezca todo. Pero de lo que estoy segura es que la época gloriosa de la galería no volverá. 

Aunque él recordaba un poco el pasado esplendoroso a que se refería Rosita, tenía mucho más presente la actualidad deslucida de aquella calle subterránea. Había sido él, precisamente, quien había instado a su madre a cerrar la pastelería a finales de los setenta. Hacía cuatro años que había muerto Franco, y se podía considerar finalizado el proceso de desmantelamiento de la dictadura que había dado paso a una democracia constitucional, fundamentada en los partidos políticos y con el rey como nuevo jefe de estado.Aquel final de década había llevado grandes cambios que perfilaban un futuro esperanzador. Dos años después de la muerte del dictador se había promulgado una amnistía que había sacado de la cárcel a muchos presos políticos, se habían legalizado los sindicatos y los partidos y, por primera vez en cuarenta años, se habían vuelto a celebrar unas elecciones generales. El referéndum de la constitución, que había tenido lugar en diciembre de 1978, había sido la culminación de un laborioso proceso de reorganizaciones que habían transformado completamente el panorama político y social. 

Cuando Rosa había cerrado su comercio tenía cincuenta años y energía suficiente para sacar adelante el negocio. Pero la degradación latente de la Avenida le afectaba, no sólo por la disminución progresiva de las ventas que descendían al mismo ritmo que la afluencia de visitantes, sino, también, por el vacío que había dejado en ese espacio la marcha de Julia y el alejamiento la Coral, quien había decidido rehacer su vida en Saint Tropez, trabajando en el restaurante de su tía. Incluso el retorno de Lorelei a su país natal había incidido en su ánimo, que ya no reconocía en aquel lugar oscuro y sucio el espacio luminoso donde había transitado su juventud.

Antes de que se iniciara la nueva década, la de los ochenta, Rosa había conseguido trabajo en un taller del centro de la ciudad. Aquello le había permitido mantener su independencia económica cuando sus dos hijos se habían ido de casa. La viudedad la había enseñado a acostumbrarse a la soledad, una parcela que a menudo identificaba con la libertad. El mundo había continuado cambiando pero ella había podido preservar ese espacio propio donde, de vez en cuando, hacía emerger todos los recuerdos que la hacían feliz.

Sólo una vez, en febrero de 1981, había vuelto a sentir el miedo a que resurgiese la parte más temible del pasado. Afortunadamente, el golpe militar que había querido detener el proceso democrático fracasó y el mundo continuó girando.
 

‘Temps de Llum’ fa un any





La meva primera novel·la adreçada a lectors adults ja ha fet un any. El 2 de maig del 2016 va sortir publicada simultàniament per Columna i Umbriel (en català i castellà respectivament) i, per celebrar-ho, vull compartir un capítol que no es va incloure en l’edició final. Es tracta d’una escena inspirada en el vídeo de la cançó de Loquillo y Los Trogloditas, Avenida de la Luz. L’estil era massa diferent al que havia fet servir en tot el llibre, i per això vam decidir eliminar-lo ja que no encaixava en l’estil de l’obra

 

  El desert comença aquí (1984)


Algú avança pel paviment gris de l’andana. Mentre la càmera li enfoca las sabates negres, el so de les seves petjades es barreja amb el de la música de fons. Una ombra allargassada se li arrapa a les soles envoltada d’una llum dura.

De sobte la imatge canvia. Una il·luminació feble, verdosa, amb prou feines defineix els contorns d’un escenari. En la penombra emergeixen els músics i la veu del cantant, que s’alia amb els acords.


Avenida de la Luz
el desierto empieza aquí


Amb la mateixa cadència rítmica, el vocalista repeteix aquest vers. Pren el micròfon de peu, l’inclina i l’arrossega uns centímetres. La llum s’intensifica. La penombra també.

Loquillo, el cantant, no ha conegut el vell esplendor de l’Avinguda de la Llum. L’any en què ell va néixer, a poc més de tres quilòmetres d’allà, al barri del Clot, la galeria tot just evidenciava els primers símptomes de la decadència. Una dècada més tard sorgien les primeres esquerdes al sostre del corredor, com a preludi de la degradació que acabaria convertint aquell espai en un lloc sòrdid, un somni derrotat.

Un primer pla mostra el rostre del vocalista impregnat de llum maragda. El seu gest d’aproximació al micròfon atorga a la lletra un caràcter de confidència. La seva veu sentencia el que ja no és un secret per a ningú.


Es un buen lugar
para acabar borracheras,
el heartbreak hotel de mi ciudad,
el mito de ciudad sumergida,
a esta hora se vuelve real.


Loquillo sembla patir quan acaba aquesta estrofa. S’allunya del micròfon i tira enrere el cap, com si volgués recuperar forces per continuar cantant.

Potser ha recordat la manera en què els anys setanta van anunciar la fi de l’Avinguda amb un entramat d’escletxes. Les primeres van aparèixer el primer any de la dècada, com a conseqüència de la degradació del paviment del carrer Pelai. Poc després, les goteres envaïen la galeria. El desplegament de galledes i gibrells amb què els comerciants havien intentat deturar la inundació de les zones afectades van malmetre la imatge d’aquell indret, sobre el que començava a planar un tel de decrepitud.

La càmera continua centrada en la veu de Los Trogloditas que s’encara al públic, fora del pla mig llarg que l’enfoca. Amb el braç estès l’assenyala i clama.

Estáis solos,
daros cuenta
estáis solos.

Llavors, la primera imatge torna i ofereix altra vegada les passes que avancen per l’andana d’una estació buida.

És la mateixa buidor que va anar engolint l’Avinguda després de l’abandonament en què la van deixar caure les institucions, incapaces de decidir a qui corresponia la responsabilitat del seu manteniment.

De nou un primer pla de Loquillo que, amb les mans juntes, es tapa mitja cara. Els seus ulls es claven en l’infinit. Respira. Sembla meditar abans de repetir la tornada de la cançó.

Avenida de la luz,
no me mires con piedad,
voy cegado por la luz
de mi libre soledad.

Una expressió de ràbia emmarca el darrer vers. La intensitat de l’emoció sembla obligar al cantant a aturar-se per recuperar l’aire.

En el seu esforç per retrobar l’alè s’intueix el mateix afany amb què es va intentar evitar l’esfondrament de l’Avinguda.

A diferència d’ella, el cantant es refà. Aferrat al micròfon, es vincla, panteixa, i continua cantant.

Y nunca fue bella la derrota,
así como alguien la quiere pintar
y tus problemas
no, no importan a nadie,
ni a ti te importan los de los demás.

L’estrofa amaga una visió poètica de la llarga agonia de l’Avinguda. Perquè la seva derrota davant les filtracions va ser embellida cobrint les parets i les columnes amb una capa de pintura. Un intent fallit que no va evitar que empitjoressin les condicions higièniques ni que continuessin minvant els compradors.

Estas solo,
date cuenta
estas solo.

Quan en Loquillo canta la tornada de la cançó el color de la imatge s’altera. Llavors la càmera es desplaça i mostra el primer pla del cantant dins d’un televisor. Tot seguit el travelling recorre l’aparador d’una botiga d’electrodomèstics i es mostra en contrapicat a l’artista mateix, a l’altra banda dels vidres.

La música de la banda acompanya al solista de Los Trogloditas mentre passeja, solitari, per la galeria. La seva figura desafiadorament esvelta es retalla a contrallum. El seu posat té un deix melancòlic i pensarós que es reflexa en el seu caminar pausat.

Deixa enrere el basar Orozar i una botiga de fotografia, possiblement la mateixa on es va gravar, sis anys abans, una escena de la pel·lícula de Bigas Luna, Bilbao.

De nou es recupera la imatge de les passes sobre el paviment gris de l’andana, però de seguida es retorna a l’Avinguda. L’interior d’un bar, el corredor fosc, desèrtic, on el vianant solitari segueix el seu camí deixant enrere la veterana Casa Chivas, de màquines per a gènere de punt. Un enfilall d’escenes que semblen espurnes d’una llum agònica.

Un pla picat de Loquillo recupera la visió de l’escenari. El cantant panteixa mentre es prepara per reprendre la cançó.

Avenida de la Luz
el desierto empieza aquí

El rostre congestionat que entona aquesta estrofa res té a veure amb la següent imatge. Tampoc el seu vestuari que ha canviat la jaqueta de cuir per una americana fosca, però un parell de tons més clara que la resta de la seva indumentària.

L’elegant figura destaca en la blancor de les rajoles de l’estació que va deixant enrere. Mentre camina, fumant una cigarreta, el perfil de les columnes s’interposa de tant en tant entre la càmera i el músic. La seqüència continua fins que es veu la façana del cine Avenida de la Luz amb les seves grans portes vermelles i els seus graons grisencs amb vetes de color blanc.

Ja fa molt que la sala ha deixat de projectar pel·lícules per a un públic infantil i familiar, com delaten els cartells que flanquegen la portalada: Espermula i Calígula.

Un nou contrapicat mostra a Loquillo avançant per l’Avinguda. L’angle permet veure el sostre, les columnes i els fluorescents que no aconsegueixen desfer del tot les ombres que planen damunt del seu tupè. Només quan arriba al final del corredor es veuen algunes persones movent-se en la zona del vestíbul dels ferrocarrils.

Retorna, una vegada més, la imatge de les petjades del cantant que s’adrecen a la sortida que dóna accés a l’Avinguda. Aquest cop es pot veure a Loquillo pujant a les escales mecàniques i, de seguida, un pla general en contrapicat que es desplaça amunt fins enfocar el cartell de sortida.

Després, la seqüència s’atura i torna a emergir l’escenari ombrívol on els músics toquen els darrers acords.



*******

En Daniel va prémer un botó del comandament i va aturar el videoclip. Abans d’aixecar-se, es va girar cap a la Rosita que continuava mirant la pantalla, ara negre, del televisor.

—Què t’ha semblat, mare?

—Bé, més bé del que em pensava.

—Què vols dir?

La Rosa va enretirar els ulls de l’aparell i els va fixar en el seu fill. Un somriure contingut se li va dibuixar als llavis abans de parlar.

—Doncs que tenint en compte com està ara l’Avinguda, amb tots aquells indigents, pobrets, i amb la brutícia que hi ha per tot arreu, encara l’heu treta prou bé.

—No sé si prendre-m’ho com un compliment...

En Dani, el fill gran de la Rosita, feia anys que treballava com a càmera. La seva precoç passió pel cinema l’havia dut a enfocar la seva trajectòria professional en aquest món, en la seva vesant de curtmetratges. El seu darrer treball havia estat la participació en l’enregistrament del videoclip de la cançó Avenida de la Luz, pertanyent al disc Donde estabas tú en el 77? de Loquillo y los Trogloditas, que acabava de mostrar a la seva mare pel vincle que ella tenia amb la galeria.

—Sí, fill, és un elogi perquè no m’agrada gens en que s’està convertint l’Avinguda de la Llum. Que una cosa és que tanquin les botigues, que perdi la llum i la elegància que tenia, i una altra molt diferent que es converteixi en un niu de delinqüència. Sort que hi vaig plegar, perquè ara els clients ja no s’atrevirien a venir.

—Tampoc no n’hi ha per a tant, que la gent és molt exagerada. Hi ha quatre marginals, però són inofensius.

—Potser sí, però molts van borratxos i fan les seves necessitats pels racons. Que no és que el lavabos estiguin millor, perquè tenen una de ronya... així és normal que només s’hi acosti la clientela del saló recreatiu i els que van al cinema a veure pel·lícules marranes. Ai, si el teu pare aixequés el cap!

La dona va enfocar la mirada amunt, com el seu difunt marit pogués escoltar-la des del cel. Fregava ja la seixantena, però encara conservava en l’esguard la mateixa espurna jovenívola i radiant de sempre.

—Doncs malgrat tot—va afegir en Dani—he sentit a dir que tenen un projecte per reactivar l’Avinguda.

—Sí, jo també ho he escoltat. Sembla ser que el Gremi d’Artesans de Barcelona ha proposat convertir la galeria en un centre artesanal, en una mena d’Avinguda de la Artesania. Es tractaria de reconvertir les botigues que encara continuen obertes en tallers. Però ja veurem si tira endavant la cosa...

—No és mala idea, però també caldrà veure què fa l’ajuntament amb l’illa de la vergonya.

En Daniel feia referència al solar del carrer Pelai, al que s’anomenava popularment així degut al fracàs que havien tingut tots els projectes urbanístics que s’havien tractat de tirar endavant allà. L’any 1984 aquella cèntrica zona continuava encara sense edificar i estava parcialment ocupada per un aparcament de la Guàrdia Urbana.

—Per això ho dic. Segur que això influirà en el futur de l’Avinguda. Ai, fill, el món ha canviat tant que de vegades em fa por que desaparegui tot. Però del que n’estic segura és que l’època gloriosa de la galeria no tornarà.

Tot i que ell recordava una mica el passat esplendorós a què es referia la Rosita, tenia molt més present l’actualitat deslluïda d’aquell carrer subterrani. Havia estat ell, precisament, qui havia instat la seva mare a tancar la pastisseria a finals dels setanta. Feia quatre anys que havia mort en Franco, i es podia considerar finalitzat el procés de desmantellament de la dictadura que havia donat pas a una democràcia constitucional, fonamentada en els partits polítics i amb el rei com a nou cap d’estat.

Aquell final de dècada havia dut grans canvis que perfilaven un futur esperançador. Dos anys després de la mort del dictador s’havia promulgat una amnistia que havia tret de la garjola a molts presos polítics, s’havien legalitzat els sindicats i els partits i, per primera vegada en quaranta anys, s’havien tornat a celebrar unes eleccions generals. El referèndum de la constitució, que havia tingut lloc al desembre de 1978, havia estat la culminació d’un laboriós procés de reorganitzacions que havien transformat completament el panorama polític i social.

Quan la Rosa havia tancat el seu comerç tenia cinquanta anys i energia suficient per tirar endavant el negoci. Però la degradació latent de l’Avinguda l’afectava, no només per la disminució progressiva de les ventes que minvaven al mateix ritme que l’afluència de visitants, sinó, també, per la buidor que havia deixat en aquell espai la marxa de la Júlia i l’allunyament de la Coral, qui havia decidit refer la seva vida a Saint-Tropez, treballant al restaurant de la seva tia. Fins i tot el retorn de la Lorelei al seu país natal havia incidit en el seu ànim, que ja no reconeixia en aquell indret fosc i brut l’espai lluminós on havia transitat la seva joventut.

Abans que s’iniciés la nova dècada, la dels vuitanta, la Rosa havia aconseguit feina a un obrador del centre de la ciutat. Allò li havia permès mantenir la seva independència quan els dos fills havien marxat de casa. La viduïtat l’havia ensenyat a acostumar-se a la solitud, una parcel·la que sovint identificava amb la llibertat. El món havia continuat canviant però ella havia pogut preservar aquell espai propi on, de tant en tant, feia emergir els records que la feien feliç.

Només una vegada, el febrer de 1981, havia tornat a sentir la por què reviscolés la part més temible del passat. Afortunadament, el cop militar que havia volgut aturar el procés democràtic havia fracassat i el món havia continuat girant.